Se presentó la XIX edición del Trofeo
Román Torán, organizado conjuntamente por el Principado y la
Federación Asturiana de Ajedrez.
Daniel Gutiérrez Granda,
director general de Deportes del Principado, abrió el acto glosando
la figura del célebre ajedrecista gijonés, maestro y árbitro
internacional, otrora presidente de la Española, vicepresidente de
la Federación Internacional y presidente para Europa, entre otros
cargos. Destacó su asturianía irredenta, pues, a pesar de residir en
Madrid desde hace cuarenta años, sigue volviendo a su tierra. De
hecho, conserva su casa en la calle de Cabrales, donde descansa en
vacaciones, para seguir alimentándose de las nutricias olas del
Cantábrico, donde creció junto a otros destacados ajedrecistas
locales, como el muy querido y recordado Pablo Morán, uña y carne
del homenajeado.
Jorge Pistono, presidente de la asociación
de trebejistas asturianos, destacó las enseñanzas de Torán a través
del ABC y de sus libros, como la celebérrima 'Cartilla de Ajedrez',
que vendió dos millones de ejemplares allá por los años setenta del
pasado siglo.
Cerró el acto el propio Torán, quien, tras
agradecer los elogios a sus predecesores, les instó a persistir en
la buena labor de acercar el ajedrez a los más jóvenes y emocionó a
todos los presentes cuando contó, con su sinceridad habitual de
hombre que se viste por los pies, sus recientes esfuerzos contra un
carcinoma traidor, su lucha contra los efectos de la quimioterapia,
como un ajedrecista que se enfrenta a una situación límite de jaque
mate.
Desde luego, si lo afronta, lo que no se pone en duda,
con la mitad de la clase, la valentía, la estrategia y la maestría
con la que encaró sus múltiples batallas ajedrecísticas contra los
mejores del mundo, el enemigo está perdido irremisiblemente. Así
sea.
Mañana, a partir de las cuatro de la tarde y en la
Ciudad de Vacaciones de Perlora, comenzará el homenaje al mejor
ajedrecista asturiano de la historia.